Más negro que un café solo

Lugar solitario este donde uno se funde con la niebla. Levanté la vista y vi al fondo la luz proveniente de La Dalia Azul, un local de los bajos fondos. Era de sobra conocida la perversidad de Laura, la jefa de todo aquello. Seguirle el juego era sinónimo de perdición. Pero la peor era Gilda, su hermana, aquella mujer del cuadro de la entrada de ese antro. Era inconfundible por su cicatriz del brazo, fruto de un tiro en el hombro cuando intentaba un atraco perfecto. Ahora, ella y Dixon, su socio y amante, son forajidos. Él era el tercer hombre de la banda del halcón maltés, además de testigo accidental del caso «Niágara». Mas a Dixon no le agradaba hablar de aquello. Era para él un retorno al pasado. Ojalá un sueño eterno para olvidarse de todo. Pienso en tomar un desvío que me permita encontrar la paz. Un último refugio en el que pueda escribirle a Bette aquella carta que nunca envié. Y eso que el cartero llamó dos veces a mi puerta.

The Phantom of the Opera


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