A cuchillo, por favor

La sangre brotaba descontroladamente del cuello de Virginia. Era de un color rojo profundo. El más intenso que había visto en mi aun corta existencia. Acababa de ingresar en la policía y uno nunca está preparado para presenciar semejante barbaridad. Y menos un novato. -Quien haya hecho esto es un sádico -dijo el comisario apurando su cigarrillo. -La estancia era extraña. Había una escultura de un pájaro con las plumas de cristal presidiendo el salón, fruto de otra de tantas excentricidades de la propietaria. Junto al ave, un cuadro inmenso de un gato con nueve colas. La visión era dantesca. <<Entre tinieblas debe haber criaturas más bonitas que ese engendro>> -pensé. Me fijé en la mesa y abrí un libro titulado «Todos los colores de la oscuridad». La portada no invitaba precisamente a su lectura. Era como una especie de bahía cubierta de sangre, igual que la sala en la que me encontraba en ese momento. Seguí inspeccionando el lugar del crimen y me acerqué al piano. Era lo único que no estaba manchado. Parecía inmaculado. Estaba intacto. Como si el asesino lo hubiese hecho a conciencia. Me senté y vi siete notas en negro escritas en la partitura. No tenía ni idea de qué podían significar. Tampoco sabía tocar ningún instrumento. Lo cierto es que había ido a la ópera unas cuantas veces, y lejos de sentir terror, había salido cautivado. Pero esto era muy distinto. Era tan real que daba náuseas. Suspiré mientras echaba un nuevo vistazo por el inmenso salón. -¡Mire! -exclamó el comisario. -Inferno.

-¿Inferno? -repetí desconcertado. -¿Le dice a usted algo esa palabra, señor? -El veterano policía se quedó quieto, absorto en sus pensamientos. -Inferno, inferno, inferno… ¿de qué me suena? -De pronto, algo en su cerebro saltó como un resorte. -¡Seis! -dijo casi vociferando. -¡El asesino ha matado a seis mujeres más! ¡Mire el mensaje! ¿Cómo no hemos caído antes? Es el mismo que el que aparecía junto a las otras mujeres. -¿Quiere ello decir…? -no me dio tiempo a terminar la frase. -Quiere ello decir que estamos ante una serie de crímenes atroces perpetrados por un maníaco. Esta pobre muchacha sabía demasiado. ¡Vamos, no hay tiempo que perder!

The Phantom of the Opera


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