¿Mala yo?

Es muy probable que la mayoría de ustedes, en algún momento de su vida, hayan visto cine negro. De lo que sí estoy seguro es que han escuchado el término «femme fatale» e irremediablemente, lo han asociado a maldad. Esas mujeres con guantes hasta los codos, melenas largas, cigarrillos en boquilla, ojos felinos y bailes tan sensuales como peligrosos. Con cada contoneo uno va estando más cerca de la muerte, pero al mismo tiempo, quiere seguir preso del embrujo. Del hechizo. Disfrutar atrapado en una tela de araña tejida por una arpía de corazón de piedra y mente calculadora. Un cóctel maquiavélico de glamour, crimen y pasión con destino al infierno. Por muy peligroso que parezca, no deja de sonar estimulante. En el fondo, uno debe sentirse privilegiado de haber sido elegido. Son muy selectivas con sus víctimas. Si te han escogido a ti es porque han visto tanta debilidad en tus ojos que es imposible resistirse. Huelen sangre. Huelen miedo. Son vampiresas que habitan en la bruma y maquinan durante el día. Cazadoras nocturnas e insaciables que sienten la necesidad imperiosa de que se ponga el sol para aullarle a la luna, mientras sonríen con sorna como preludio de lo inevitable.

Habiendo leído lo anterior, no parece haber lugar a dudas. La mujer fatal, como su propio nombre indica, es mala. Malísima. Desde luego, lo son. ¿Pero y si les digo que no todas son discípulas de Phyllis Dietrichson (Barbara Stanwyck); Kitty Collins (Ava Gardner); Kathie Moffat (Jane Greer) o Ellen Berent (Gene Tierney). Pártase de la base de que todas estas señoritas ejercen una atracción irresistible sobre todos los hombres. Y cuando digo todos, bien saben ustedes que son absolutamente todos. Si no, fíjense en Fred MacMurray, Edward G. Robinson, Dana Andrews, Burt Lancaster, Tom Neal (como para llevarle la contraria a Ann Savage) o el mismísimo Robert Mitchum. Ellos son solamente algunos de los muchos que se cruzaron con una de estas damas. Pues bien, ¿y si les dijera que hay luz en esos ojos sin vida? Como la de los de Marie «Slim» Browning (Lauren Bacall) Su mirada iluminó toda la isla de Martinica, y a todas las generaciones que, antes o después, vimos «Tener y no tener» (1944)

¿Cómo se quedan si les sugiero que existen «femmes fatale» heroínas? ¡Eso es imposible! ¡Baste lo de la luz en los ojos, y encima será mortecina! Bueno, pregúntenle entonces a Jack Nicholson, o mejor dicho, Jake Gittes, cuando se presentó en su despacho Evelyn Mulwray, encarnada por una fascinante y maravillosa Faye Dunaway. Sí, amigos. Era irresistible. Era un ángel, pero de alas blancas. Cuesta pensar en el color blanco cuando se habla de cine negro. Neo- noir en este caso. No obstante, ella era puro corazón. Fíjense si era una heroína, que su mayor preocupación era salvar a un detective que había conocido unos días atrás riéndose a carcajadas con sus compañeros al mismo tiempo que contaba el chistecito que de sobra conocen. La curiosidad puede ser insaciable. Es como una droga de la que no te puedes desenganchar. Es casi como el noir, ¿cierto? Sólo que en este último, uno ya está acostumbrado a esquivar la última bala tras una persecución adrenalínica.

Como Faye hay otras. ¿Heroínas? ¡Bah, dudo mucho que pueda poner más ejemplos! ¿Y si les digo que la femme fatale bondadosa es una ejecutiva neoyorquina? ¡Pero bueno, ya está bien! Vale lo de la lucecita en los ojos de la Bacall, que Faye Dunaway sea una heroína pase, ¿¡pero que ahora me salga con que existe una mujer fatal buena?! ¡Hasta ahí podríamos llegar! Y llegaremos, ávido lector. Y más allá. ¿Conoce usted a Laura Hunt? Sí, la misma actriz que dio vida a la diablesa de la otra cara de la luna un año después. Imagínese a la misma mujer, pero con un registro totalmente diferente. Un carácter completamente opuesto al de la primera. Confío en que sus señorías sepan ver más allá de la perversidad y exploren a fondo el concepto. Laura Hunt era consciente de la atracción que despertaba en todos los hombres que pasaban a su lado. Que se lo digan a Dana Andrews. Por no hablar de Clifton Webb. La bella Tierney, enfundada en un traje de bondad e indulgencia, encarnó a Laura, la inalcanzable. Inalcanzable, pues todos los hombres querían lo mismo de ella, y lo único que obtenían era la mirada que profesa una divinidad a un simple mortal. Desde luego, siendo consciente de sus encantos y poder de seducción, optó por hacer el bien. La senda de Kitty March (Joan Bennett) no iba con ella. Tal era su dulzura y magnanimidad, que la sola idea de hacerle daño a una mosca la horrorizaba. Igual que a Waldo Lydecker le horrorizaba la idea de no tenerla. En el fondo, uno sigue albergando la esperanza de encontrar a Laura Hunt. Seguramente, reencarnada en un majestuoso fénix.

Supongo que esto será todo. No, no es todo. Es más, quisiera hablarles de la honestidad. Hasta ahora hemos visto femmes fatale buenas, heroínas, y con mirada legendaria. Ya no me creerán cuando les diga que también pueden ser las más honestas del lugar, ¿verdad? ¡Ja! ¡Pues claro que no le creemos! Usted no dice más que disparates. Heroínas, buenas, miradas inolvidables, y ahora, ¿honestas? ¡No me haga reír! No quiero hacerle reír, sino cautivarle, querido lector. Los Ángeles, California, 1950. De todos es sabido que la corrupción campa a sus anchas por el departamento de policía. Asuntos turbios. Tiempos convulsos. Drogas. Chivatazos. Ajustes de cuentas. Chicas que se parecen a actrices de Hollywood. Lana Turner. ¿Un momento? ¿Esa es? ¡No, no puede ser! ¡La dalia azul! ¿Quién? ¡Maldita sea, Veronica Lake! Efectivamente. Es Veronica Lake sin ser Veronica Lake. Le daré un nombre : Kim Basinger. Homenajeando a la rubia del peekaboo en una obra maestra incontestable. El único personaje que sabe quién es realmente a lo largo de esta fascinante y turbia historia, plagada de adrenalina, tensión y crimen. Una oda al cine negro primigenio con una mujer, cuya integridad es solamente uno de los rasgos que la hacen irresistible.

¿Malas nosotras? ¡Malos ustedes, que sólo se quedan con nuestras fechorías!

The Phantom of the Opera


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar
A %d blogueros les gusta esto: