Para atrás como los cangrejos

A estas alturas de la película, uno no se sorprende cuando lee comentarios de gente que se enfunda el disfraz de tolerante, pero que, en realidad, esa supuesta transigencia va estrechamente ligada a su pensamiento que, por supuesto, es el correcto. El adecuado. El bueno. Eso está fuera de toda duda. Tristemente, cada vez hay más personas que esgrimen el argumento de «porque lo digo yo» para imponer su criterio. Como si la frasecita de marras tuviese alguna fuerza, y más aun, sentido. El cine, damas y caballeros, tampoco se libra. Es más, recientemente, se ha estrenado la película «Lightyear«, que relata las aventuras del guardián espacial más conocido de la galaxia. Pues bien, resulta que hay una escena en la que dos chicas se besan, la cual ha levantado ampollas entre un sector de la población que no ve con buenos ojos que una película para niños muestre el amor entre dos personas del mismo sexo. Es triste, pero cierto, pues en pleno siglo XXI, aun queda mucho por hacer, empezando por la educación y el respeto por las orientaciones sexuales de cada persona.

Resulta asombroso que, no pocos espectadores, hablen del impacto que pueda tener en los niños la escena en cuestión, como si se tratase de una afrenta o una atrocidad no apta para menores. «Es que no es normal que en una de críos se besen.» A lo mejor es porque lo que se proyecta en pantalla es perfectamente normal. Así tendría que haber sido desde el principio de los tiempos. Igual los que no son normales son ustedes, matrimonio de modernos. El panorama es, cuando menos, dantesco. Por no hablar de los carteles pegados a la entrada de la sala advirtiendo de que la película contiene ideología de género. Como lo leen. En letras bien grandes además. Advertencia de película: ¡contiene ideología de género! ¡Protejan a sus hijos! ¡Es la barbarie! Barbarie. Eso es. El que esto escribe, aun a muy temprana edad, se siente desolado ante las barbaridades y exabruptos proferidos por cada vez más individuos, sea en el cine, a la entrada de un colegio, en la calle, o de vuelta de comprar el pan. Parece que se ha convertido en deporte ver quién es capaz de soltar la mayor barrabasada y quedarse tan ancho. El título del artículo habla por sí solo, y lo peor es que se le está cogiendo el gusto a eso de retroceder.

The Phantom of the Opera


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